25 marzo 2017

PFQMG - Cap. 19 - Cómo supe lo que sentías por mí

Key


Santa mierda.
Santa… mierda.
Saaaaanta miiiieeeer…
Mi mente está en blanco.
¿Qué rayos acaba de pasar?
Soy consciente que luzco como un total idiota en estos momentos: abriendo y cerrando mi boca, sin procesar lo que acaba de suceder. Es como si alguien metiera mi cerebro en una licuadora y lo volviera papilla.
¿De verdad pasó lo que acaba de pasar o solo estoy soñando? ¿De verdad fue Rita la que entró por esa puerta, luciendo como una diosa del Olimpo y arrasando con mi boca de la manera en que lo hizo?
Mi cuerpo actúa por inercia mientras lentamente me levanto de mi asiento y con el mismo movimiento vuelvo a sentarme solo para ponerme de pie de nuevo, tratando de seguirla, como si ella fuera un imán y yo el metal, o como si alguien amarrara un hilo invisible alrededor de mi cintura que me tiene atado a ella.
Justo cuando pienso abandonar el café en el que me encuentro, una mano se envuelve alrededor de mi brazo y me detiene.
—¡Key! —escucho mi nombre ser gritado, pero mi cerebro sigue nublado, tratando de reajustar cada pieza a su lugar original—. ¿A dónde vas?
Intento ignorar la voz, pero es difícil cuando su mano sigue sujetándome.
—Me tengo que ir —murmuro luego de unos instantes, parpadeando para salir de la espesa niebla en la que ahora se encuentra mi cerebro.
¿Qué acaba de pasar? ¿Rita solo… solo entró y me besó como si fuera de su propiedad?
¡Cielos! Me siento usado, pero de una buena manera. ¿Soy de su propiedad ahora? ¿Qué?
—¿Por qué vino ella? —la voz pregunta de nuevo—. No sabía que se habían vuelto tan cercanos. ¿Sigue siendo tu novia o algo así?
—Algo así —respondo.
—La verdad es que, el día que me la presentaste en el cumpleaños de tu madre, pensé que la habías conseguido solo para darme celos. ¿Key, me estás escuchando? ¡Key, mírame!
Finalmente soy capaz de reconocer que es Mia la que me habla y aún me sostiene del brazo; mi cuerpo quiere ir directo a la salida para ir detrás de Rita, como si una necesidad urgente pulsara a través de mi cuerpo, pero me obligo a detenerme por un momento.
—Me voy —es todo lo que puedo decir—. Lo siento, fue un gusto verte, luego hablamos.
Mis ojos tratan de seguir lo que queda de la sombra de Rita al otro lado de la calle, aunque es algo difícil porque ya se ha perdido de mi vista.
—¡Key! —grita Mia—. No te puedes ir así.
Por primera vez, desde que Rita llegó y me dejó sin habla, me fijo en los ojos de Mia. Ella parece, de alguna forma, decepcionada.
Es su mirada de dolor la que me mantiene presente por unos pocos minutos más.
—Lo siento, tienes razón. No estaba pensando claramente —digo, haciendo una mueca—. No me puedo ir así.
Mia sonríe, asintiendo con la cabeza.
Entonces procedo a sacar la billetera de mi pantalón, dejando algunos billetes sobre la mesa para pagar por la cuenta.
—Ahora sí —comento—, ya puedo retirarme.
Me dirijo nuevamente hacia la salida, para alcanzar a Rita, pero la mano de Mia vuelve a detenerme.
—No me refería a eso —dice ella—, ¿qué ocurre entre ustedes dos? ¿Ella de verdad es tu novia? ¿Qué hay de lo que te acabo de preguntar, o el beso que nos dimos? ¿No fue eso algo importante para ti?
Los eventos que Mia nombra me parecen demasiado lejanos, como si hubieran sucedido hace mucho tiempo atrás.
—Lo siento, Mia. ¿Qué te parece si hablamos en otro momento? —es lo único que puedo responderle.
—Espera, no me puedes dejar aquí.
Suspiro, sabiendo que tendré que ir primero por mi vehículo para buscar a Rita y que a estas alturas ya será difícil seguirle el paso.
Veo a Mia nuevamente, parece realmente dolida.
—Claro, perdona. No sé en lo que estoy pensando —digo ante sus palabras.
Retrocedo a mitad de camino y voy nuevamente en busca de mi billetera.
—Gracias —dice ella.
Saco, de forma impaciente, un fajo de billetes y los deposito en su mano. Mia los observa detenidamente, como si intentara saber qué hará con ellos a continuación.
—No te puedo dejar sin transporte —digo—, creo que con esto es suficiente como para te vayas en un taxi. Me tengo que ir, pero estaremos en contacto.
Estoy a punto de llegar a la puerta, casi golpeando a dos chicos que acaban de entrar, cuando la mano de Mia me detiene de salir corriendo… nuevamente.
Suspiro en voz alta.
—Esto es injusto, no te estaba pidiendo dinero —se queja ella—, no quiero hacerte perder más tiempo, pero por favor, considera lo que hablamos hoy. No me descartes tan rápido, y danos a ti a mí otra oportunidad.
Sus palabras tocan un punto sensible, pero todavía no puedo saber cómo me hace sentir eso.
—Hablaremos después —me separo de su mano, caminando rápidamente hacia mi vehículo en el estacionamiento, esta vez Mia no me detiene en absoluto y camino libremente. Es allí, cuando llego al auto, que noto las maletas de Mia que aún siguen en la parte trasera.
Al parecer todo resulta complicado cuando intento alcanzar a Rita.
Subo al vehículo y conduzco hacia la entrada del café, en donde Mia se encuentra ahora, sosteniendo el dinero que dejé en su mano hace unos instantes atrás. Con mucha rapidez me bajo del auto y abro la puerta.
Noto cómo el rostro de Mia se ilumina con ese gesto.
—Sabía que no podías haberme dejado sola —dice con entusiasmo.
Trago saliva, sabiendo muy bien que voy a decepcionarla. Curiosamente eso no me parece importante ahora.
—Mia —murmuro, apenado—. Dejaste tus maletas en mi auto, solo quería dártelas. Todavía no he cambiado de opinión, solo sé que necesito más tiempo para pensarlo.
Comienzo a bajar las maletas, una por una.
Su rostro decae.
—¿Qué? ¿Solo para eso venías?
Asiento con la cabeza, avergonzado por el gesto.
—Hablaremos después —repito—. Tengo unas cosas que aclarar con Rita.
Ella asiente, su rostro descompuesto por completo.
—Entiendo —responde.
Entonces subo a mi vehículo y me pongo en marcha para encontrar a Rita y exigir algunas explicaciones.


Es un poco difícil dar con ella, pero busco entre las calles más cercanas hasta que la encuentro. Está prácticamente trotando, su corto cabello marrón apenas y se sostiene de una pequeña cola; la ropa deportiva que usa acentúa más su cintura y sus piernas largas.
Me atrevo a decir que es hermosa, Rita es hermosa.
Es como una guerrera amazona, intimidante e inalcanzable para los mortales.
¿Qué sucede conmigo? Ya hasta empiezo a hablar como mujercita enamorada.
¡Basta, hombre! ¡Piensa como macho!
Como macho, como macho.
La sigo lentamente en mi auto mientras ella cruza una calle, estoy a su lado en cuestión de segundos.
—¡Rita! —la llamo, ella inmediatamente se detiene pero no me mira a la cara—. Rita, sube al auto.
Ella sigue de pie, todavía sin mirarme.
Pasan unos segundos, entonces veo que se moviliza hacia donde me encuentro.
—Sube al auto —le pido.
Rita se encoge de hombros, sus ojos me evitan.
—Puedo irme en autobús —dice finalmente.
—Yo te puedo llevar, solo sube.
Asiente con la cabeza, respirando hondo.
—Bien —murmura. Entonces abre la puerta del vehículo y sube a mi lado.
Veo su perfil detenidamente. Quiero besarla de nuevo.
—Tengo miedo de preguntar y que no me contestes —admito—. ¿De verdad acabas de besarme como si mi boca fuera la respuesta a todos tus problemas?
Ella frunce el ceño, viéndome por primera vez a la cara.
—Oye, niño bonito —contesta—, no pienses más de lo que en realidad es. Te vi besando a Mia.
Ahora es mi rostro el que se pone rojo.
Estamos estacionados a orillas de la calle, el motor en marcha.
—Mia me pidió, una vez más, reconsiderar lo nuestro —digo.
Rita asiente con la cabeza.
—Entonces, ¿me dejaste sola en mi clase de salsa por estar con ella?
—Tenía cosas que aclarar.
—¿Son más claras ahora? ¿Las cosas son claras, Key?
—¿Por qué me besaste? —pregunto, cambiando de tema.
Ella resopla, cruzándose de brazos y viendo hacia la ventana.
—Lo hice simplemente por la venganza, ¿recuerdas? Querías vengarte de Mia por haberte sido infiel. Solo adelanté el día.
Ahora el que resopla soy yo.
—¿De verdad lo hiciste solo por eso? Juraría que ese beso fue otra cosa más, se sintió real.
—No veas cosas donde no las hay.
—No veo manzanas donde solo hay peras —le comento—, y a la única que miro es a ti.
—¿Qué? ¿Qué significa eso?
—Tú eres la pera, o más bien la reina de las peras.
—¿De qué estás hablando? ¿Ahora te metes sustancias raras en el cuerpo?
—No son raras, dejé que metieras tu lengua en mi boca y esa no me parece una sustancia rara a considerar.
El rostro de Rita enrojece.
—Hay una cosa llamada actuación y eso fue lo que puse en práctica al verlos —murmura, tragando saliva entre cada oración—. Pero en verdad, de todos los cafés del mundo, ¿tenías que elegir el que está más cerca de donde recibo la clase de salsa?
Ahora soy yo el que resopla con fuerza.
—Mia y yo solíamos ir bastante a ese lugar, ella sintió nostalgia y me pidió regresar —explico.
—Bien, entonces tendrías que asumir que yo pasaría por allí ya que está en la ruta que sigo para llegar a casa —reclama ella—. ¿Y adivina qué? ¡Te vi con Mia! Obviamente me pareció muy claro lo que tenía que hacer.
Y es ahí cuando entiendo el último mensaje de texto que ella me envió: “acabo de abrir los ojos”. ¿Entonces se refería a esto?
—De acuerdo —comento de forma pausada—, ¿pero lo que sientes ahora son celos, o reclamos?
Sus ojos se abren, mirándome indignada.
—¡No son nada de eso! Ni son celos, ni te reclamo nada.
—Para mí suena como celos.
Ella resopla y luego ríe.
—Para que me des celos, primero necesitas importarme de esa forma.
—¿De cuál forma?
—De la forma romántica —dice.
Por un momento mi mente se entusiasmó con la idea de ella y yo juntos, pero luego lo deseché. Rita, obviamente, no estaba interesada en mí.
—Entonces, cuando le dijiste a Mia que yo era “tu vaquero” ¿estabas actuando? Porque se escuchó muy real… y posesivo, como que me gustó ser “tu vaquero”.
—Era simple actuación, ahora ¿piensas poner el vehículo en marcha de una buena vez? Tengo cosas que hacer.
Suspiro, haciendo como ella dice.
Una pequeña decepción me golpea mientras sus palabras se repiten en mi mente.
¿Estuvo actuando? Todo parecía real.
—Lo siento —digo luego de unos minutos, Rita juega con la radio hasta que detiene la estación en una canción pop.
—¿Por qué lo sientes? Soy yo quien debería disculparse. Apuesto a que no viste venir esa, ¿cierto? Lo que me da más asco es saber que probablemente saboreé de la misma saliva de Mia porque ella acababa de besarte antes que yo. Pero al menos logré demostrar mi punto.
Niego con la cabeza.
—El beso de Mia no se profundizó de esa forma —explico—. La única que metió su lengua hasta mi garganta fuiste tú; así que técnicamente no pudiste haber probado saliva de ella.
Mis palabras casi la hacen ahogarse del disgusto.
—¡Yo no metí mi lengua en tu garganta!
—Me sentí violado. ¿Debería acusarte con la oficina de derechos del hombre?
—¡Estás delirando! Todo fue actuación.
—Ciertamente la actuación fue demasiado convincente.
—No te hagas ilusiones, Key.
—“Mi vaquero” —digo suspirando teatralmente—. Pienso poner esa frase en una calcomanía en mi parachoques. Pero te lo advierto, no me gusta que me traten como un objeto o una posesión, ¿sabes que no soy solo un pedazo de carne al cual puedes marcar como tu propiedad cuando quieras? Soy un ser humano también, tengo sentimientos.
—Eres un burro, eso eres —se queja ella, cruzándose de brazos—. Lo dije para añadir más tensión en el ambiente. No me gustas Key, entiéndelo.
—Claro, síguetelo repitiendo, tal vez algún día te lo creas de verdad.
—Eres una bestia.
—¡Oye! La bestia se queda con la bella, tiene el dinero —enumero con mis dedos—, y se vuelve atractivo al final. Vamos, llámame bestia que lo tomo como cumplido.
Entonces ella me saca la lengua, luego sigue su tercer dedo.
—Tú fuiste el que se emocionó en el beso —comenta—, tiraste de mi cabello como si quisieras arrancarlo de raíz. Tengo que considerar denunciarte con la oficina de derechos de la mujer.
—En realidad, enredé mis dedos en él —aclaro—. Incluso pensé que me darías una cachetada o algo peor, así que fue una agradable sorpresa recibir un beso a cambio. Pero la razón de por qué lo siento, y no me dejaste terminar antes, es por haberte dejado plantada aun sabiendo que contabas conmigo. Así que lo siento… por no haber estado allí, por no haber estado cuando me necesitabas.
—No te preocupes —tardó en responder ella, evitando mis ojos—, además el profesor de baile era muy atractivo de todas formas. Como yo era la única sin pareja, él se ofreció a serlo así que no me hiciste mucha falta.
Frunzo el ceño, sin gustarme nada sus palabras.
—¿Qué pasó con el chico oloroso? Me parecía una buena opción.
Me encuentro con los enormes ojos marrones de Rita que me miran con incredulidad.
—Me dijiste que no me emparejara con él, ¿recuerdas?
—No hay que juzgar a un hombre por su aroma —contraataco.
—Y dicen que las mujeres somos las bipolares —comenta ella, rodando sus ojos.
Nos detenemos ante un semáforo en rojo y aprovecho para verla a la cara.
—Por cierto —digo—, ¿la clase de salsa no duraba más de una hora? Tendrías que estar todavía allí.
—Es que sucedió algo —dice ella, evitando mis ojos.
—¿Qué sucedió?
—Promete que no te vas a reír.
—Lo prometo —digo, dándole un saludo militar.
—La clase era de salsa… pero erótica.
—¿Salsa erótica? ¿Eso existe?
—Sí, existe. Aparentemente me apunté para eso; lo peor fue que el que profesor me había insinuado hacer algo erótico con él y yo… le di una cachetada.
Y hago lo que prometí no hacer: me río en voz alta.
—Lo siento —trato de hablar en medio de la risa—. Pero estas cosas solo te pasan a ti. Es como si vinieras programada para instantáneamente golpear a alguien.
—¡Te pedí que no te burlaras y ahora te estás riendo!
—No lo pude evitar, perdón.
Me rio un poco más hasta que ella comienza a lanzarme una serie de papeles que suelo mantener por todo el tablero del auto. Cuando se le acaban los papeles, abre la guantera del vehículo y comienza a lanzarme viejas monedas y más papeles en la cara.
—¡Rita no hagas eso! —grito en medio de nuestra guerra de papeles.
—Esto es por reírte —grita.
Me lanza más papeles y de repente se detiene al ver uno en específico.
—¿Receta de crema facial para suavizar el cutis? —pregunta, leyendo la factura. Trato de arrebatársela, pero ya es muy tarde.
—Eso no es mío —explico—. Creo que mis hermanas toman mi auto cuando yo no estoy.
—Aquí dice: factura a nombre de Keyton… —se detiene y veo cómo comienza a apretar sus labios, como si intentara reprimir la ria—. Oh por… ¿Qué nombre es este? ¿Higinio? ¿Este es tu segundo nombre?
Rita se ríe con fuerza, doblándose a la mitad mientras sostiene su estómago.
—No se suponía que vieras eso —murmuro, avergonzado. Mis padres y su amor por los nombres exóticos iban a ser mi ruina, le arrebato la factura y la hago una bola—. Además, se pronuncia Hi-yinio, con aire italiano.
Ella levanta la ceja mientras sigue riendo y burlándose de mi nombre.
—Se pronuncia tal y como se lee —dice ella con tono burlón—: Hi-gi-nio. ¿En qué pensaban tus padres?
Me encojo de hombros.
—No pensaban mucho por esa época. Mis hermanas también tienen nombres extraños.
Rita frunce el ceño.
—A mí me parecen nombres normales: Pam y Eileen, ¿cierto?
Asiento con la cabeza.
—En realidad son diminutivos —comento, a punto de llegar a su casa—. Sus verdaderos nombres son más complicados que esos.
—¿Estás bromeando?
—Ojalá fuera así. Todos cambiamos nuestros nombres en cierto punto, papá y mamá lo aceptaron con el tiempo. Ellos admiten haber pasado por una etapa “hebrea-azteca-irlandesa” en esa época cuando eligieron nuestros nombres.
Pasados unos segundos, Rita se empieza a reír con fuerza.
—Están locos —ríe en voz alta—. Pero lo entiendo, mi madre nos nombró a todos sus hijos con la letra inicial R, aunque sinceramente tus padres se llevan el premio mayor.
—¡Oye! No insultes a tus suegros, por favor.
Eso logra detener su risa.
—¿Mis suegros?
—Claro, ¿qué dices? Mi apellido quedaría perfecto con tu nombre.
El rostro de Rita se vuelve instantáneamente rojo.
—Claro que no. Jamás. Mi apellido es mi apellido y no estoy lista para dejarlo cambiar.
Pronto llegamos a la entrada de su casa y Rita se vuelve frenética una vez que estaciono el auto.
—Eso jamás va a pasar —vuelve a decir, alterada, tratando de desabrochar su cinturón de seguridad— así que… gracias por traerme. Supongo que te veré después, ¿cierto?
—Me verás el día de mi fiesta.
Ella se apresura a bajar del vehículo, deteniéndose en seco al escuchar mis palabras.
—No creo que sea necesario asistir, ya cumplí con mi parte de la venganza por hoy —dice de manera nerviosa.
—Eso no fue suficiente —digo, frunciendo el ceño—. Necesito que vayas, necesito… más.
Rita evita mi mirada.
—No creo que sea necesario.
—Claro que lo es. No acepto un no por respuesta.
—Key…
—Mira, Rita, no lo hago por la venganza. Lo hago porque quiero verte allí, por favor.
Ella se muerde el labio, mirando hacia todos lados menos a mí. Finalmente asiente con la cabeza, dirigiendo sus ojos a los míos.
—Está bien, estaré allí ese día. Pero lo hago solo para demostrar que yo sí cumplo con mis promesas, no como alguien que me dejó plantada para besuquearse con su exnovia a la cual no ha logrado superar.
—Auch —digo llevándome una mano al corazón—. Eso dolió. Pero lo acepto, me lo merezco. Solo espero que asistas.
—Lo haré —promete.
Con eso se aleja de mi lado lentamente, despidiéndose con la mano antes de entrar por la puerta.
Rita es todo un caso complicado, pero me fascina que lo sea. Ella logra captar mi atención como nadie nunca ha sabido.
Tal vez siga el consejo de mis hermanas y sea hora de darle una oportunidad a las peras.
Corrijo: la pera, en singular, porque como ella no hay dos.



******


Ha pasado exactamente un día desde la última vez que vi a Rita y a Mia, pero mi cabeza da vueltas a cada hecho sucedido entre ambas, como si hubieran pasado varios años en lugar de unas horas.
En casa tampoco lo tenía fácil. Por alguna loca razón, mis hermanas Eileen y Pam, llenaron mi habitación con objetos decorativos con forma de peras; desde carteles con peras animadas hasta pequeños peluches rellenos que se esparcían por todo el lugar. Ellas incluso llenaron el refrigerador con productos hechos a base de peras. Había juguitos de pera, papillas de pera, peras ahumadas, carne con peras, hasta cajas y cajas de peras.
Estaba cansado.
—Se acabó esto de la pera —les digo a mis hermanas ese mismo día cuando descubro que pusieron un cobertor tejido con figuras de pera en mi servicio sanitario—. Me agrada Rita, ¿de acuerdo? ¿Eso querían saber? Desde hace mucho tiempo ya la consideraba. Con ella es fácil hablar, con ella río, con ella me siento relajado y frustrado al mismo tiempo. Con ella me siento feliz. ¿Están satisfechas ahora?
Mis hermanas guardan silencio mientras me observan en estado de shock.
Pam se encuentra boca abajo en la cama mientras devora un paquete de gomitas con forma de osos y ojea su teléfono celular; Eileen está su lado, también boca abajo, comiendo de una bolsa de papitas. Ambas detienen lo que hacían mientras escuchan mi confesión.
—Ahora, quiero ir al baño y orinar tranquilamente sin tener que encontrarme con otra de estas cosas —digo levantando un tapete con estampado de dos peras tomadas de la mano mientras flotan corazones a su alrededor—. ¿Me dejarán en paz de una vez?
Ni Pam o Eileen dicen algo, me miran como si me hubiera crecido otra cabeza. Es Eileen la que rompe el silencio:
—En otras palabras, ¿te gusta Rita?
—Todavía no sé qué responder a eso —comento de mala gana.
—Ya sé qué es lo que está arruinando todo —dice Pam, apoyándose en sus codos mientras se impulsa en la cama para ponerse de pie—. Es Mia. Estás confundido por ella también, ¿cierto?
Asiento con la cabeza.
—Ella sigue insistiendo en regresar —les confieso.
—¡Desgraciada! —dice mi hermana—, ella es como una infección estomacal severa: aparece en los momentos equivocados y luego molesta todo el día. De todas formas, ¿por qué no se queda en Berlín de una buena vez? ¿Por qué siempre tiene que regresar para empeorarlo todo?
—Mia no es eso…
—Key —me interrumpe Eileen—, no puedo creer que sigas confundido por algo que es más claro que el agua para nosotras: tienes miedo de que te atraiga más Rita, a tal punto de superar a Mia. Me parece algo ilógico que olvides todo lo que Mia te hizo, cómo te engañó con alguien más. ¿Qué te garantiza que no lo va a volver a hacer en el futuro? Despierta de una vez que las oportunidades se esfuman rápido.
Mi boca se abre y se cierra, tratando de procesar toda la información.
—No estoy tampoco defendiendo las acciones de Mia —digo, resoplando.
—Claro que sí lo haces —responden ambas al mismo tiempo.
—De todas formas, es mi decisión a ser tomada. Ahora —digo, cambiando de tema—, basta de peras, por favor.
Justo cuando finalizo la frase, escucho el timbre de la puerta principal sonar varias veces. Mis hermanas se observan entre sí, emocionadas.
—¿Quién puede estar viniendo a esta hora? ¿Y en un domingo en la mañana? —pregunta Pam, con fingida sorpresa.
—¿Qué hiciste, Pamdora? —le reclamo.
Ella se encoge de hombros.
—Yo no hice nada.
El timbre vuelve a sonar, me apresuro a bajar por las gradas y ver quién puede ser. Pam y Eileen corren a mi lado, tratando de llegar antes que yo.
—¿Qué están planeando? —les grito mientras ambas me pasan y logran abrir la puerta primero.
Cuando me asomo noto que es Rita la que viene, usando un par de pantalones ajustados y zapatillas bajas. Su camiseta es la que más llama mi atención porque tiene un diseño de peras en miniatura, todas con caras sonriendo.
—¿Qué…? —balbuceo, pero Eileen me manda a callar.
—Hola, Rita —saluda ella—. Qué bueno que lograras venir,
—Y veo que recibiste nuestro regalo —murmura Pam, saludándola con un abrazo—. Key está listo para la cita.
—¿Cita? —pregunto con incredulidad—. ¿Cuál cita?
—La que ambos van a tener en este momento —responde mi hermana.
—Pam…
—Tranquilo. Será en un lugar completamente neutral.
Fulmino a mi hermana con la vista mientras Rita nos mira confundida.
Inhalo y exhalo de manera ruidosa, tratando de traer algo de paz mental a mi vida. Es entonces cuando el timbre de la puerta vuelve a sonar y con eso arruina todo mi día.
Eileen es la encargada de abrir, dando paso a una alegre Mia que nos examina a todos, uno por uno. Sus ojos se agrandan al ver a Rita, y Rita no puede disimular su irritación tampoco.
—Ups, habíamos olvidado mencionarlo —dice Eileen—, Mia también viene para una cita contigo.
—¿Qué? —preguntamos Rita y yo al mismo tiempo.
Eileen asiente con la cabeza, sin decir nada más.
—Muy bien, chicos —nos llama Pam—. Prometí un lugar neutral, y esta casa es perfecta para tener la cita con ambas, ¿qué mejor lugar puede ser? Ahora sí, felices juegos del hambre, y que la suerte esté siempre de su lado.
La.voy.a.matar.
Mis hermanas me arreglaron dos citas con Rita y con Mia, al mismo tiempo.
Ambas están muertas.
Acabadas.
Fritas.
—¿Por qué hiciste esto, Pamdora? —murmuro en su oído.
—Porque necesitas decidirte rápido. Esta es la manera precisa para hacerlo.
Ella aplaude y les pide a las chicas que acudan a la sala. Mia se mueve, caminando de forma insegura, aún sin entender lo que está sucediendo.
Rita en cambio se dirige a la puerta de salida.
Pam es quien la detiene.
—No te vayas, por favor Rita —suplica ella—. No seas así. Es para una buena causa.
—¿Una buena causa? —pregunta Rita— Nos están haciendo competir por la atención de Key. Yo no soy esa clase de persona que se rebaja por un chico, mucho menos competir por él. Él tendría que desear estar conmigo y rogar con que eso sea suficiente para alcanzar la felicidad eterna.
—Pero Rita…
—Deja que se vaya, Pam —digo—. No es necesario que participes de esta locura, Rita. Mis hermanas no tienen vida propia.
—No es verdad, nos movimos en base a lo que escuchamos —responde Pam—. ¿Quieres escuchar también para refrescar la memoria?
Entonces ella saca su teléfono y reproduce una nota de voz que puedo reconocer al instante:

“Me agrada Rita, ¿de acuerdo? ¿Eso querían saber? Desde hace mucho tiempo ya la consideraba. Con ella es fácil hablar, con ella río, con ella me siento relajado y frustrado al mismo tiempo. Con ella me siento feliz. ¿Están satisfechas ahora?”

—Somos rápidas —dice Pam cuando pone en pausa la grabación.
La fulmino con la mirada, deseando lanzarla de un puente.
—¿Eso lo dijo Key? —pregunta Rita, su rostro se encuentra hermosamente sonrojado—. No puedo creerlo.
—Yo tampoco —comenta Mia, quien al parecer había escuchado la grabación. Sus ojos comienzan a aguarse lentamente—. ¿Es verdad eso, Key?
Todos se quedan en silencio, esperando a que diga algo. ¿Pero el qué?
Trago saliva con fuerza.
—Key —vuelve a decir Mia—, ¿ya te he perdido? ¿Ya te olvidaste de todo lo que vivimos?
—Sí, Key —Pam imita su tono—, ¿ya te olvidaste de la vez que te enteraste que ella te fue infiel con otra persona? La encontraste en la cama con otro hombre, eso no es fácil de superar.
Mia comienza a llorar, sus lágrimas cayendo de forma descontrolada.
—Nunca me perdonarás por ese error, ¿verdad?
Su llanto se hace mayor a medida que avanzan los segundos, entonces Rita hace algo que no esperábamos: se acerca hacia Mia y se pone de pie frente a ella.
Rita es más alta que Mia y se extiende de manera imponente, haciendo que Mia se sienta cohibida.
—Oye —comienza a decir Rita—. Tengo que aclarar algo en primer lugar que tal vez traiga paz mental para ti: él me pagó por fingir ser su novia. Lo típico, lo sé.
Rita rueda sus ojos, mientras tanto no puedo creer que ella esté contándolo todo.
—Si te hace sentir mejor —continúa diciendo—, Key no siente nada por mí. Es todo simple actuación. Obviamente es solo un trabajo que me hace ganar dinero extra.
Mia parpadea al escuchar sus palabras, sus lágrimas cesando.
Mis ojos buscan los de Rita, absorbiendo lo que acaba de decir.
¿No significo nada para ella? ¿Soy solo un empleador ante sus ojos? Escucharla decir eso me duele y no quiero admitir el por qué.
—Pero no te confundas —le dice Rita a Mia—, porque eso era lo que pensaba antes. La realidad es que me gusta Key, y mucho. Me gusta con todo y su extraño nombre que le resta popularidad, me gusta con todo y su afición por usar camisas a cuadros y parecer granjero cuando sé que en su vehículo solo escucha música rock, contradiciendo su estilo.
» Me gusta con todo y su extraña cortesía con mi familia, y eso que mi familia está loca. Me gusta a pesar de que a él le gustas tú, y que nunca, ni en un millón de años él podría tomarme en serio… aunque se lo pierde porque no va a encontrar a nadie que lo haga reír como yo y vivirá el resto de sus días con alguien aburrido que gaste su dinero como si fuera agua.
Rita se queda en silencio, así como el resto de los que estamos escuchándola.
—Me gusta, es simple —termina de decir.
Entonces ella se aleja de Mia, caminando con la cabeza en alto.
—Es todo lo que tenía que decir —dice ella, evitando verme a los ojos—. Dicho esto, me retiro. Supongo que mi presencia ya no es más requerida en este lugar. Y allí está, te ahorré la difícil tarea de tener que elegir entre una de las dos.
La última parte la dice viéndome directamente.
—Rita… —murmuro. Ella levanta una mano para detenerme.
—No lo digas —dice—, no quiero estar con alguien que, en primer lugar, tenga que pensar en si deba o no estar conmigo. Ten una buena vida, Key.
Rita sale prácticamente corriendo hacia la puerta de salida, y yo me quedo de pie, observando cómo se va.
—¿Es cierto lo que ella dice? —pregunta Mia—. ¿Le pagaste?
Cierro los ojos por un momento, mordiéndome la lengua por dentro.
Pam y Eileen observan entre ambos, Mia y yo.
Es cuando me decido, y lo hago porque sé que así lo he sentido desde hace un tiempo atrás.
Voy tras Rita.
La detengo antes que vaya más lejos.
—Oye, Patchie —grito, ella se detiene y se da vuelta para verme a la cara
—Antes que digas algo —dice ella—. Me siento muy estúpida por confesar mis sentimientos en voz alta, solo sentí que iba a explotar si no lo hacía.
—Y a mí me alegra que lo hayas hecho —respondo—, y me alegra que no quieras estar con alguien que todavía dude sobre sus sentimientos. El problema es que nunca he tenido dudas, solo algo de temor, lo normal. La verdad es que también me gustas, pero creo que ya te habías dado cuenta.
Rita entrecierra los ojos.
—¿Lo estás diciendo solo para no hacerme sentir mal? Porque eso es muy grosero. Tampoco quiero que lo hagas por compromiso, solo porque yo lo confesé primero.
Niego con la cabeza, seguro con mi decisión.
—Me gustas, Rita Fiorella Day. Me gustas con todo y tu loca familia, con todo y tu extraño trastorno del sueño que te hace hablar dormida, me gustas con todo y tu navaja y tu licencia para castrar. Me gusta toda tu actitud y no creo que quiera cambiar nada de eso. Me gustas.
Rita abre y cierra su boca un par de veces. Soy consciente que mis hermanas están detrás de mí, escuchando todo, así como Mia. Pero quiero decir cada palabra que dije.
—¿Y ahora? —pregunta Rita—. ¿Qué hacemos?
—Ahora nos besamos, incluyamos un poco la lengua también.
Rita frunce el ceño, viendo por sobre mi hombro, ignorando mi broma.
Cuando me giro para ver lo que observa, descubro a Mia de pie a una corta distancia, sus ojos soltando enormes y gruesas lágrimas mientras nos observa a Rita y a mí.
Esto no es nada bueno. Ahora siento el remordimiento que me consume.
¿Qué se supone que tenga que decir?
Nada. Porque al fin entiendo que no le debo ninguna explicación por mis sentimientos; ella perdió ese derecho hace mucho tiempo.
Tan simple como eso.

Dejo que ella se marche, sin decir ninguna palabra. Es lo mejor para Mia, es lo mejor para mí.
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16 marzo 2017

PFQMG - Cap. 18 - Cómo descubrí quién era Rita Day

Rita

—Esta es tu última advertencia, Rita —dice Cliff, señalándome con su dedo gordo y rosado—. Si me entero que le hiciste eso a otro importantísimo cliente, te echo de este respetable lugar.
Ruedo los ojos, cruzándome de brazos mientras Marie, sentada en una silla frente al escritorio de Cliff, sonríe de forma presumida.
—¿Quedó claro? —pregunta mi jefe. Su frente está completamente cubierta en sudor y, desde donde estoy de pie, puedo ver el círculo de humedad que se forma en sus axilas, también debido al calor.
—Está bien —digo de mala gana.
Al parecer hoy me falló la sutilidad porque Marie identificó que su comida tenía un sabor demasiado extraño. Ella confirmó las sospechas cuando casi obliga a Anna a probar una de las papas con mezcla especial de Mirna, y yo corrí a detenerla antes que la llevara a su boca.
Es más que obvio que Marie me delató al instante con Cliff y con su padre, el dueño del restaurante que raras veces se tomaba el tiempo de venir de visita.
Ahora estamos en la oficina de Cliff, absorbiendo el olor a humedad mezclado con sudor, esperando mientras soy regañada por quinta vez en el mismo minuto. También el padre de Marie, técnicamente el gran jefe, está ahora al teléfono que Cliff mantiene en altavoz para nosotras.
—No toleraré este comportamiento —dice él a través de la línea telefónica—. Debería despedirte de inmediato…
—¡No lo haga! —chilla Cliff, su frente se cubría con más sudor, de ser posible—. Rita es un elemento valioso para esta compañía, un ejemplo a seguir. Ella seguramente tiene alguna clase de envidia o rencor contra su hija y se le pasó la mano, eso es todo. Además, esta es la primera vez que se mira un comportamiento de este tipo por parte de la empleada.
Fulmino con la mirada al puerco de mi jefe.
¿Envidia a Marie? Debe estar drogado.
Él me hace una mueca para que mantenga la boca cerrada, sus ojos casi se salen de sus cuencas y el sudor resbala por toda su grasienta cara mientras me mira como si deseara poner sus manos en mi cuello y estrangularme.
—Debe ser sancionada —dice el padre de Marie—, es imperdonable lo que le hizo a mi hija. ¿Poner sustancias desconocidas en la comida de ella? ¡Pudo haberse intoxicado! ¿Qué clase de inmadurez es esa? ¿Y si lo hace con otros clientes? Así es como empiezan las demandas.
—Lo entiendo señor, pero…
—No eran sustancias desconocidas, papi —Marie interrumpe a Cliff, aclarándose la garganta como digna víctima—. Puso cabello humano, restos de uñas y algo blanco que parecía mucosidad. De solo pensarlo quiero vomitar.
—Usé también piel muerta de los pies de… —me quedo en silencio cuando Cliff hace un sonido estrangulado al escuchar mi voz, su rostro está rojo y brillante debido a la grasa natural de su piel mientras me indica que me calle.
Abro la boca para completar mi frase, pero él me hace otra mueca para que me quede en silencio. Me quedo callada entonces.
—De nuevo, Sr. Benson —dice Cliff—, mil disculpas con ambos. Este episodio no va a volver a ocurrir nunca. Y por supuesto que ella será sancionada. Estará suspendida por dos semanas de su trabajo, sin derecho a paga.
Mi boca se abre para protestar, pero Cliff rápidamente niega con la cabeza.
—¿Solo eso? —pregunta el Sr. Benson—, merece una demanda.
—Ah —Cliff comienza a cantar como canario—: no sería recomendable, señor. Le prometo que yo mismo la voy a supervisar de ahora en adelante. Prácticamente le estaré respirando en la nuca.
—¿Es que acaso no lo hacías antes? —se escucha un resoplido por parte del padre de Marie—. Tal vez a quien deba despedir es a ti.
—No, no, no, no, no… usted no querrá hacer eso. Déjeme encargarme de esta situación ahora mismo.
—Bien —dice el Sr. Benson después de unos instantes, su voz suena resignada—. Si recibo una sola queja más de ti, Rita Day, estarás inmediatamente despedida.
—Por supuesto, señor —acepto.
Marie es ahora la que rueda los ojos.
—No puedo creer que valga poco mi salud y seguridad —dice ella.
—Hija, tampoco es como si fueras alguien fácil de llevar —responde su padre aun en la línea telefónica—. Entiendo la necesidad de querer pelea, de verdad, pero deberán encontrar otra forma de solucionar sus problemas. Sé que a veces tengo ganas de mandarte a comer mierda, pero esto no puede suceder en el negocio, ¿entendido?
—Claro —respondemos ambas, Marie y yo; yo con mi gran sonrisa, evitando reírme en voz alta, y Marie con la nariz arrugada, haciendo pucheros de pura rabia.
Cliff se despide del Sr. Benson, colgando la llamada mientras Marie se pone de pie para retirarse de la oficina. Antes de llegar incluso a la puerta, ella se gira en mi dirección y me señala con un dedo.
—Vas a pagarlas caro —susurra su amenaza—. Puede que hayas comprado la lealtad de este cerdo, pero no la mía.
Su dedo acusador señala a Cliff cuando menciona la palabra “cerdo”. Con eso ella se retira de la oficina, como diva agitando sus caderas.
—Muy bien, no fue tan malo —le digo a Cliff cuando solo estamos los dos.
Él saca un pañuelo de tela de la primera gaveta de su escritorio y se lo pasa por la frente.
—Eres una psicópata —dice él—. No puedo creer que puse mi trabajo en juego solo por esto.
—Era eso o contarle al gran jefe que te estás robando el dinero de las ganancias del restaurante —murmuro en su dirección.
Esa es la única razón del por qué él me defendió como lo hizo hace unos momentos atrás: tiene pavor a que suelte la boca y hable todo lo que sé de sus robos al restaurante. Al parecer él está comprando alimentos descompuestos y dañados a un precio más barato a como está descrito en el presupuesto, de esa manera él puede quedarse con el dinero extra que sobra de las compras. Es un cerdo ladrón.
—No necesitas recordármelo —comenta él de mala gana—. Que no vuelva a pasar, Rita. No puedo defenderte siempre que te metas en un lío de esta magnitud.
—Entonces esta boca hablará sobre los desajustes en el presupuesto y de cómo tienes comprado al chico de salubridad —digo con total calma—. Debí decirlo hace ya varios años, cuando te vi hacer tratos extraños con gente de poca confianza. Lo bueno es que tomé fotos y grabé situaciones vergonzosas.
—De acuerdo, de acuerdo —dice limpiando el sudor de su frente—. Tú quédate callada que ya cumplí con mi parte, no serás despedida.
—Bien —asiento con la cabeza, poniéndome de pie para salir de la oficina con mal olor—. Un trato es un trato. Te prometo que mantendré el perfil bajo por estos días; ya no más problemas con Marie, de verdad.
Cliff asiente en mi dirección y pronto me despacha con un gesto de su mano.
—Oye —pregunto antes de salir por la puerta—, ¿era cierto lo de la suspensión?
—¿Y todavía dudas de si es cierto o no? —resopla en voz alta—. ¡Por supuesto que sí! Comenzarás a partir de mañana. No puedo permitir que el Sr. Benson quiera venir a inspeccionar si hice o no mi trabajo.
Asiento con la cabeza.
—Bien, serán como unas vacaciones forzosas —comento—. Oh, y espero mi paga por esos días. No quiero sonar como una rata, pero… sí, sí quiero sonar como una porque ocupo el dinero.
Cliff rueda sus ojos.
—Tendrás la paga. Ahora largo de mi oficina, tengo que terminar de revisar unas facturas.
—Ah, y antes de irme —comento—, existe algo que se llama velas de olor. Le pediré a Mirna que te compre algunas porque aquí apesta.
Cliff vuelve a hacer el gesto de mano, y es así como continúo con mi salida y voy directo al área para empleados.
Al llegar allí, la primera en reclamarme es Anna, quien rápidamente se pone a mi lado a medida que me preparo para recoger algunas cosas antes de ir a las clases de salsa en las que quedé de verme con Key.
—¿Estás bien, Rita? ¿Te despidió? —es lo primero que pregunta mi amiga.
Rápidamente niego con la cabeza.
—Estoy bien, tranquila —la sujeto de los hombros cuando veo que no puede evitar dejar de caminar de un lado al otro—. Relájate, Cliff me debía unos favores que con gusto mantendré en secreto a cambio de conservar mi trabajo.
—¿Estás segura?
—Al cien por ciento.
Anna suspira en voz alta, como si hubiera estado conteniendo la respiración.
—Qué bueno. Aunque no sé qué te picó para hacer algo así, ¿en serio escupiste en su comida?
—Sí —asiento con la cabeza mientras busco mis cosas personales—. Hice más, pero no es tiempo para que tus oídos virginales lo escuchen.
—No tengo oídos virginales, para tu información.
Ruedo los ojos.
—De acuerdo. Mi turno oficialmente termina aquí —digo luego de unos instantes—. Cliff no me dejó irme ilesa, así que me suspendió por dos semanas.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Porque así es la vida —digo con mi voz constipada por la gripe—. Ahora, me retiro porque mi vecina me obligó a tomar estas clases de salsa para principiantes.
—Bien —dice ella—, suerte con tus clases. Supongo que tendré que conformarme con verte después de esas dos semanas, ¿cierto?
Asiento con la cabeza mientras le doy una amable sonrisa.
—Tienes que ser fuerte con Adam, ¿entendido? Él está con Marie, la diva de cuatro cuernos. Tienes que alejarte de ese chico.
—Lo sé, no me lo recuerdes.
—¡Recuerda ser sarcástica! Y mucho.
Anna asiente con la cabeza.
—No sé qué haré sin ti todos estos días.
—Vas a estar bien. Mirna te puede instruir. Ahora sí, tengo que irme porque voy demasiado tarde.
Me despido de Anna y salgo corriendo al lugar donde será la clase. No sabría decir si estoy emocionada por aprender a bailar salsa, o por el chico que me va a acompañar.
Puede que sea más de lo segundo, y eso es aterrador para alguien como yo. Las cosas nunca acaban bien cuando empiezas a perder el control de tus sentimientos, y peor cuando dichos sentimientos incluyen a un chico.
No quiero tener la razón acerca de esto.

**********

El edificio donde se reciben las clases de baile se encuentra no muy lejos del restaurante, es un centro de formación educativa donde se imparten clases de idiomas, baile y cocina.
Mi vecina, Lucy, toma la clase más avanzada de salsa los martes y jueves, así que es poco probable que la encuentre el día de hoy. Ella me prometió que me iba a encantar tanto la clase que no querría perderme ninguna otra, ahora no sé por qué me dejé influenciar por su mente maestra.
No es sino hasta que estoy en el salón de baile que noto la ausencia de Key en el lugar; trato de buscarlo con la mirada pero no logro encontrarlo por ningún lado.
Es allí, cuando tomo mi teléfono para marcarle, que noto el mensaje de texto que parpadea en mi pantalla. Es de él.

«Lo siento, surgieron cosas y no podré ir hoy. ¿Puedo compensártelo de alguna forma?»

Al leerlo siento una molestia que me hace contener la respiración, un familiar sentimiento al que suelo estar acostumbrada, pero que últimamente, junto a Key, se había adormecido: la decepción.
 De inmediato le envío un mensaje en respuesta:

«¿Estás bien?»

No creo que nada pueda compensar a como me estoy sintiendo justo ahora. Tal vez le pasó algo, un accidente, o tal vez le pasó algo a un miembro de su familia. No debo juzgarlo tan rápido, aunque mi decepción crezca con cada segundo que pasa.
Después de cinco minutos no recibo respuesta al mensaje que le envié, así que escribo otro.

«¿Key? ¿Ocurrió algo? Entiendo que no puedas venir»

Una gran parte de mí se siente más que desilusionada, pero la otra parte ya lo presentía. Las cosas con Key eran demasiado perfectas como para sentirse reales.
Nunca debí perder el control de mis emociones, para empezar.
Pronto mi teléfono vibra cuando un nuevo mensaje entra, es de Key:

«Tuve problemas. Los estoy solucionando en este momento. Todo bien, lo prometo»

Suelto el aire que estoy conteniendo, y le pido a mi corazón que se quede calmado por unos instantes antes de responderle.

«Está bien, me tendrás que compensar a lo grande. Es una clase de sala, Key, ¡DE SALSA! Hay pasos que es obligatorio hacer en pareja… ¡Y puede que me toque con el de aliento a pescado! Me debes, en grande»

«Jajaja, perdón por reír, pero ya me puedo imaginar tu cara. No te enparejes con el de mal aliento, eres demasiado franca y, conociéndote, le dirás que se lave la boca o que se mantenga alejado de ti»

«Es probable que eso suceda, sip… Y, por cierto, se escribe *Emparejes* No enparejes, antes de “b” y “p” se escribe “m” Mi maestra de primer grado me enseñó esa valiosa regla»

«De.a.cuer.do. Deberían prohibirle la licencia a tu maestra. La mía me enseñó que se escribía N… como en eNparejes»

«Oh por… ¡Es a tu maestra a quien deberían prohibirle la licencia educativa! Ahora entiendo a tu profesora de geografía y por qué te reprobó, eres un caso perdido. ¿No tienes auto-corrector en el teléfono? PD: se escribe M, de Mierda en el zapato»

«¡Qué boca más sucia! Tú eres la que necesita auto-corrector. Debería instalarte uno en el teléfono para sustituir todas tus malas palabras por palabras inocentes. Pienso hacerlo, ya verás. PD: N de November Rain»

Key es un terco. Resoplo mientras mis dedos vuelan para escribirle otro mensaje:

«Con mi teléfono no te metas. Y es M de Macho Man»

Sonrío a mi pantalla mientras observo cómo se empieza a llenar más y más el salón.
Pronto recibo otro mensaje de Key:

«Es N de Nirvana, y N de “no te vas a dar cuenta de cuando tome tu teléfono»

«M de Madonna y M de “Mejor considérate hombre muerto si piensas tocar mi teléfono»

«Nine Inch Nails y NOP. Haré lo que quiera»

«M de… ¡Mierda! Se me acabaron las ideas»

«N de insuperable»

«No comienza con N. ¿Sabes qué? Mejor me voy antes que llegue el instructor de la clase»

Estoy considerando irme del salón porque no me está gustando mucho estar sola, haciendo una actividad que requiere de una pareja; pienso marcharme ahora que todavía tengo la dignidad bien puesta, pero el siguiente mensaje de Key me detiene en mi lugar.

«No lo hagas. Quédate, disfruta la experiencia, aunque eso incluya eMparejarte con el chico oloroso. No te vayas solo por mí»

«Voy a pensarlo. ¡Felicidades! Usaste la M de Mejor ten una buena excusa por abandonarme»

«Confía en mí, la tengo»

Pienso realmente en si debo quedarme o no, pero antes de siquiera poner un pie fuera del lugar, noto que un chico realmente apuesto, de ojos azul celeste y de cabello marrón, entra por la puerta principal de la clase, cargando lo que parece ser una pesada bolsa de lona, impidiendo mi salida.
—Hola a todos —dice él, depositando la bolsa en el suelo—. ¿Este es el curso de salsa para principiantes?
Algunos asienten con la cabeza, ¿yo? Yo solo pienso en cómo escabullirme.
—Bien —dice otra vez el chico—. Seré su profesor el día de hoy.
El atractivo muchacho aplaude una vez y luego sacude un poco su cabello; es allí cuando noto un pequeño piercing en su ceja izquierda y lo perfectamente ceñida que está su camiseta.
Esta debe ser la motivación de la que me habló Lucy. Tiene razón, es una motivación muy fuerte, el chico es altamente atractivo.
—Hoy vamos a practicar los pasos básicos para uno de los bailes más sensuales que se pueden hacer en pareja —dice el profesor atractivo. Tengo que recordarme parpadear de vez en cuando para parecer humana y no aterrarlo. Sus ojos son hipnóticos—. La sensualidad es la clave, sobre todo.
Sigue hablando pero mi mente está perdida en la forma en que lucen sus brazos. Tiene la cantidad perfecta de músculos; nada demasiado pretensioso como para ser aterrador, pero tampoco era algo modesto como para pasar desapercibido.
—Quiero que se pongan en pareja —continúa diciendo él, aplaudiendo una sola vez, de nuevo. Cada vez que lo hace su pecho se infla más y los músculos de sus brazos sobresalen—. Todos aquí se inscribieron juntos, supongo. Así que vamos, a formar parejas.
Sus palabras me despiertan de mi adormecimiento y es entonces que recuerdo que mi pareja me dejó plantada.
Pronto la gente comienza a reacomodarse, listos para empezar. Algunas chicas todavía están impresionadas por el profesor atractivo y tratan de convencer a sus novios para bailar cerca de él.
Al parecer, todos tienen ya sus parejas, y me encuentro observando si alguien fue lo suficientemente torpe al igual que yo como para que los dejaran plantados, pero al único chico que puedo observar es al que le huele mal la boca, como a pescado seco.
Veo cómo se acerca lentamente hacia donde me encuentro, mirando por mucho tiempo mis pechos.
No, no, no.
Intento buscar a alguien más, pero todos tienen ya su pareja.
Cierro los ojos, pensando en cuánto tiempo deberé aguantar la respiración mientras baile con el chico de olor a pescado. Además, Key dijo que no me emparejara con él.
Al abrir los ojos, noto que el chico ya no viene en mi dirección, sino que avanza más allá de donde yo estoy. Lo sigo con la vista y me encuentro con que saluda a una mujer de mediana edad quien, aparentemente, será su pareja de baile.
Oh no, soy la única solitaria en medio de un mar de parejas.
La vida a veces puede ser una perra.
Empiezo a notar la mirada intensa que me dan todos mis nuevos compañeros de baile, esperando a que me reacomode en algún lado o que me pierda de vista por hacer perder su tiempo.
Gracias, Key, por dejarme sola.
—Mmm —comienzo a titubear en voz alta—, al parecer mi pareja decidió abandonarme. Dijo que quería finalmente salir del closet y eligió este día para decírselo a sus padres.
Nadie parece reír de mis bromas. Todo es incómodo, me siento muy fuera de mi elemento.
—Bien —escucho al profesor carraspear su garganta, sus ojos azules caen en los míos, apuesto a que mi rostro se encuentra rojo cereza—, como eres la única que no tiene pareja tendrás una difícil tarea.
—¿Qué es? —pregunto, insegura sobre si quiero o no escuchar la respuesta.
—Bailarás conmigo. Tú me ayudarás con los ejercicios de ejemplo para la clase.
¿Bailar con el sexy profesor de baile? Por supuesto.
¿Quién era Key, de todas formas? De seguro el nombre de una enfermedad sexual.
—¡Claro! —digo de forma muy entusiasmada.
Él me hace señas para acercarme a su lado, lo huelo disimuladamente. Es delicioso.
Puedo notar rápidamente que me convierto en la envidia de las mujeres de la clase.
—Muy bien, hay algo que tienen que saber de la salsa en parejas —él extiende su mano para tomar la mía, estoy sudando—: las mujeres comienzan con el paso hacia atrás, y los hombres hacia adelante.
Con mi mano en la suya, él ejerce un poco de presión para que me acerque más a su cuerpo.
Lo hago sin necesidad de decir más, y luego deja ir mi mano.
—En salsa hay ocho pasos básicos por aprender. La hermosa dama presente aquí conmigo cuyo nombre aún no sé, nos ayudará para conocerlos.
—Me llamo Rita —digo repentinamente.
El chico de ojos azules sonríe y hace una pequeña reverencia.
—Hola Rita, mi nombre es Diego y hoy serás parte de mi enseñanza —dice—. Bien, como decía, salsa se basa en ocho pasos, y Rita y yo les enseñaremos los primeros.
Sonrío con triunfo cuando noto la mirada de la clase sobre mí. Así es, sientan envidia.
—Bien —dice Diego, su mano vuelve a la mía—. Paso básico, Rita: pie derecho atrás. Si pueden ver, mi pie izquierdo va al frente. Dos, el pie izquierdo de Rita pisa el mismo lugar, y tres, el primer pie que movimos regresa a su sitio. Prueben hacerlo.
Todos en la clase comienzan a moverse con torpeza y lentitud, incluyéndome. ¿Dijo que el pie derecho iba al frente?
Accidentalmente piso su pie y luego vuelvo a hacerlo con el otro pie.
—Lo siento —me disculpo—, soy un desastre. Tengo dos pies izquierdos.
—Estás aprendiendo, está bien equivocarse… ¿y de verdad tienes dos pies izquierdos? Si es así, deseo tomarme una foto con ellos.
Sonrío coquetamente.
—No es literal, literal. Es que soy pésima bailando, tengo cero coordinación.
—Me cuesta creerlo —dice él—. Ven, prueba de nuevo para que avancemos con los otros pasos.
Hacemos el mismo paso una y otra vez hasta que soy capaz de finalmente lograrlo.
—Bien —me felicita el atractivo maestro—. Lo haces bien Rita, lo dominaste. Ahora solo faltan los otros pasos.
—¿Hay más pasos?
—Hay muchísimos más.
Entonces pasamos la siguiente media hora tratando de aprender el resto de pasos. Obviamente la clase está atrasada por mi culpa, no mentí cuando dije que era pésima bailando.
—Lo siento —me disculpo por vigésima vez, otra vez aplasté el pie de Diego—. Yo advertí antes de comenzar.
Diego asiente con la cabeza, tratando de disimular la leve cojera que tiene su pie derecho, aplastado por el mío.
—Bien. Tal vez la parte erótica se te haga mejor —dice de manera casual—. ¿Quieres probar algo erótico conmigo?
Mi cara se torna roja y apenas puedo respirar. ¿Dijo erótico? ¿Quiere perder su mano, su trasero, sus genitales?
Inmediatamente me retiro de su cuerpo, indignada por su comentario.
Mi mano, por inercia, vuela para plantarse sobre su mejilla. La clase entera queda en silencio, observándonos con los ojos abiertos, curiosos todos ante mi alta práctica poniendo en su lugar a pervertidos como estos.
—¡Cerdo! —grito lo más fuerte que puedo—, qué falta de respeto. ¿Probar lo erótico contigo? ¿Estás drogado?
Diego parpadea y luego se echa a reír, doblándose a la mitad mientras sostiene su estómago.
—¿Qué es tan divertido? —pregunto, enojada.
—Rita —dice él después de haberse reído—, esta clase es sobre “salsa erótica”. Es el nivel uno para aprender todo sobre el baile erótico.
—¿Baile erótico? ¿Cómo ese que hacen los strippers?
Diego asiente con la cabeza, esperando mi reacción.
Pienso que es una broma, pero nadie en la clase se ríe.
—¿No leíste bien el folleto de información antes de inscribirte? —me pregunta Diego—. Yo soy stripper. Enseño baile erótico solo los sábados. Hoy es salsa erótica, después aprenderemos otros estilos.
Niego inmediatamente con la cabeza.
—En el folleto decía Salsa para Principiantes —me defiendo.
Diego sonríe, recogiendo su bolsa de lona del suelo para mostrarme uno de los folletos similares a los que Lucy me ofreció el otro día.
Decía en letras grandes: Salsa para Principiantes. Nivel erótico.
—¿Quieres ver cómo hacemos el nivel erótico? —preguntó Diego—. Por eso aconsejamos que sea con sus parejas.
—¡Eso está escrito en letra pequeña! ¿Cómo se supone que iba a saberlo?
—Todos lo saben —dice una chica desde el fondo—. Ahora, ¿podemos continuar? Mi boda es en cuatro semanas y quiero darle una sorpresa a mi esposo.
Le saco el dedo medio mientras tomo mis cosas, abandonadas en una esquina, y me impulso para salir del salón.
—Rita, espera —grita Diego, pero es tarde porque desaparezco de la clase.
¿De verdad? ¿Erótica? Lucy es una pervertida.
Camino todo lo que puedo hasta salir del edificio, dirigiéndome a cualquier parte.
Rápidamente le envío un mensaje de texto a Key.

«No vas a creer lo que me acaba de pasar»

Espero una contestación de parte suya, pero al parecer mi mensaje tendría que esperar ya que justo en ese momento veo a Key dentro de una cafetería, no muy lejos de donde se recibían las clases de salsa.
Para mi sorpresa, él no está solo. Hay una chica de cabello rubio sentada frente a él.
Puedo recordar sus rasgos de la última vez que la vi, es ella, es Mia.
Un cierto dolor agudo me sobrecoge cuando noto la cercanía de ambos.
Duele, pero no sé por qué.
Y como si mi vida fuera una película, veo cómo ambos, lentamente, acercan sus bocas. Entonces se están besando y Key la toma de la mejilla para profundizar el beso.
Comienzo a sonreír, aunque creo que una parte de mí está llorando internamente.
Mia era el inconveniente del que él me habló, ella era su “problema” a solucionar. Y sí, tal vez ya estaba solucionando todo con ella por la manera en que ambos desgastaban sus bocas.
¿Entonces para qué hizo que me ilusionara de esa forma?
Al menos lo comprendía ahora con toda la claridad del mundo: no soy alguien importante para Key. Soy alguien con quién le gusta pasar el rato, soy otro más de sus “amigos”.
Veo que ambos se separan, Mia y él, entonces la atención de Key se dirige a su teléfono sobre la mesa, probablemente leyendo mi mensaje.
Camino de espaldas, tratando de retroceder del lugar donde se encuentran.
Key sonríe mientras pulsa su teléfono; pronto recibo la respuesta a mi mensaje.

«¿Qué te acaba de pasar? No me digas que te eMparejaste con el chico oloroso»
Trago lo que siento, sonriendo como desquiciada por fuera.
Yo soy Rita Day, soy fuerte y no me dejo intimidar, puedo lograr lo que me proponga. Respiro hondo y luego de unos segundos, le respondo de inmediato.

«Nop. Acabo de abrir los ojos. Eso pasó»

Me alejo todo lo que puedo, hasta que me detengo a mitad de camino.
Soy Rita Day, soy fuerte y no me dejo intimidar, puedo lograr lo que me proponga.
Entonces lo pienso mejor y regreso de nuevo hacia la cafetería. Mi teléfono vibra en mi mano pero lo ignoro, lo ignoro porque soy una chica en una misión.
Corro los últimos pasos hasta que llego al lugar.
Key y Mia siguen en el mismo sitio, él tiene una expresión confundida en el rostro y ella agita su café, aburrida.
Decido entrar a la cafetería, con el sudor resbalando por mi frente debido al esfuerzo y con el pulso acelerado. Una pequeña campana suena al abrir la puerta, y me acerco a pasos agigantados hacia la mesa donde está Key.
Él me nota al instante, sus ojos más confundidos que nunca; entonces, sin decir nada, lo tomo del cuello de la camisa y lo obligo a ponerse de pie. Cuando sus ojos se amplían es cuando aprovecho y empujo su boca contra la mía, con fuerza.
Mis labios y los suyos chocan con fuerza, su lengua y la mía asomándose con timidez y velocidad. De alguna manera él se mueve para presionarse contra mi cuerpo, sin abandonar nuestro beso, enredando sus dedos sobre mi cabello, sujetándolo mientras mueve mi boca en un mejor ángulo.
Él tiene la altura perfecta para mí, y quiero que sepa que yo tengo la altura perfecta para él. Quería recordárselo.
Pasados unos segundos me alejo de sus labios, sintiéndome renovada.
—Te vi desde afuera, quise decir hola —digo con una enorme sonrisa—: ¡Hola!
Key tiene la boca abierta, la cierra por un segundo y la vuelve a abrir a la misma velocidad. Sus ojos no dejan de verme mientras intenta procesar lo que ocurre, no puede hablar.
Sonrío de manera brillante.
—Ahora sí —digo sin dejar de verlo a los ojos, ignorando la presencia de Mia—, será mejor que me vaya.
Me acerco de nuevo a su boca, y tomándolo desprevenido, lo beso nuevamente. Sus dedos corren a tomar mi cabello, su lengua vuelve a querer asomarse, aunque esta vez lo detengo a mitad del beso.
—Y te lo recuerdo —digo reacomodando mi pelo—, tú y yo estamos em.pa.re.ja.dos. con M de Más te vale no volver a dejarme sola para la siguiente lección de salsa.
Entonces me volteó en dirección a Mia, haciéndome la sorprendida cuando la noto.
—Oh, lo siento —me disculpo—, no sabía que Key estaba con una amiguita. Los dejo a ambos; y por favor, cuida a mi vaquero.
Sonrío con suficiencia al ver la expresión en su rostro.
Su boca se abre y se cierra al igual que la de Key anteriormente.
Así es, hago énfasis en “mí vaquero”, con M de Mejor te preparas porque pienso dar pelea.
Camino lejos de ambos, despidiéndome una vez más mientras salgo de la cafetería.
Al fin de cuentas soy Rita Day, y no me dejo intimidar.

Carajo, estoy loca y la gente loca debería ser tratada con respeto.
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